domingo, 13 de enero de 2013

No hay vidas poco importantes

   Era un mediodía radiante de primavera. El sol se encontraba en lo alto del cielo y desde allí, inundaba de reflejos todo el pueblo. La gente se arremolinaba alrededor de la iglesia de Rocamador. Los invitados y los curiosos, siempre bien separados según estrato social, esperaban a las puertas del templo la llegada del pequeño Paquito. Hoy le bautizaban.

   A lo lejos el brillo de la carrocería de un gran Studebaker descapotable negro, rompía la sincronía de blancos de las casas de la calle de Santiago. En él traían al pequeño para su bautismo. El coche era del hijo, de Miguel Moya periodista y cuñado del doctor Gregorio Marañon.

   La iglesia estaba llena. Muchísimos años antes, cómo quinientos, se casó allí una hija de la Reina Isabel y Don Fernando con Don Manuel "el Afortunado", Rey de Portugal...

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