jueves, 4 de octubre de 2012

A veces hay que dejar fuera lo que no es tan importante


   -Tío no me cuelgues.
   -Diego voy conduciendo…ahora hablamos cuando llegue-su voz sonaba distante y fría y se clavaba en mi como una flecha, como montones de flechas.
   -No me cuelgues-repetí yo con el tono lastimoso de las súplicas que de antemano sabes que no serán atendidas-lo siento Héctor, siento mucho lo que te dije antes.
   -Ahora hablamos…-sonó un enorme pitido como alrededor de Héctor, ensordecedor y luego un frenazo, casi pude oler el rastro de la goma quemada en la carretera-.Tengo que dejarte.
   -No cuelgues…no me cuelgues sin saber que me perdonas, en serio no sé lo que pasó, sabes de sobra lo que eres para mí, lo que significas…lo necesario que eres.
   -Ya Diego pero a veces…
   -¡No lo digas!,no te despidas de mi por favor, he cometido muchos errores y ojalá pudiera volver atrás pero no puedo y esto me está matando.
   -Ya Diego yo no quiero hacerte daño pero…
   -Haré lo que sea Héctor por favor, de veras haré lo que sea pero no termines la frase, no lo soportaría. No soportaría resignarme a que lo que a mi me llena tanto para ti sea prescindible.
   -¿Ves? Ya lo estás haciendo otra vez, no te das cuenta de que no puedes depender así de mi, ¿qué pasa contigo?, pareciera que no tuvieras amigos antes de conocerme.
   -No es eso joder, está claro que antes de Héctor había Diego y después de Héctor seguirá habiendo Diego.
   -Bien tío entonces…
   -Pero no, no me hagas que siga tus palabras hasta decirte adiós y perderme el resto de tú vida.
   -Y ¿qué quieres que haga?, no me sale. Las cosas ya no son como antes, tú ya no eres como antes, no sé tío, no sé que mas decirte, en serio no quiero hacerte daño.
   -Pues no le des tanta importancia a los detalles, mira mas allá joder somos un equipo, el mejor equipo y no quiero perderte.
   -Oye será mejor que cuelgue…
   -No por favor- tenía los ojos llenos de lagrimas y mi voz ya sonaba estrangulada por el miedo- no me dejes
atrás, acuerd…
   -No sigas…-me cortó antes de que pudiera coger aire- ,no sigas Diego simplemente no me apetece, no me lo pongas mas difícil.
   -¿Difícil? ¡qué coño dices!-contesté estirando todas mis facciones- eres tú el que me está dejando tirado, el que parece haberse olvidado de todo lo que hemos vivido, lo que hablamos…-comencé a llorar como un niño desconsolado-todo lo que hemos planeado y lo que nos queda por hacer, ¿o es qué para ti todo aquello no significó nada?. Joder solo quiero que sigas contando conmigo como lo has hecho siempre.
   -No, no me arrepiento de nada pero…son muchas cosas.
   -¡Qué cosas!¡dímelas! dime lo que te pasa de verdad y mandemos todo esto a la mierda. Solo quiero reirme y disfrutar de todo otra vez, no sabes todo lo que me has enseñado, lo que me has ayudado. Ahora, contigo soy feliz, puedo ser yo de veras. Te quiero Héctor.
   -Diego no sigas, yo no he elegido como han ido pasando las cosas.
   -Pero puedes hacer que cambien, venga hombre que soy yo, Diego. Diego, el mismo que el de Héctor y Diego. El de todas esas noches, el de las risas y las niñas, el de las confesiones-mientras hablaba mi voz iba pasando de la alegría mas pueril al desencanto del hombre que ya en el final de su vida mira sus manos y se recrimina por toda la fuerza y vitalidad que han perdido- soy yo tío el que sabe cosas tuyas que nadie sabe y el que te cuenta hasta lo inconfesable porque contigo puedo ser así. Eres lo que siempre he buscado entre los montones y montones de gente que van pasando por mis manos y ninguna acaba de llegarme, eres el cómplice perfecto para todos mis errores, eres…
   -Diego tengo que colgar-su voz sonaba ya casi como la mía, podía imaginar sus ojos nobles marrones aguantando con todas sus fuerzas no dejando caer todo el peso de sus lágrimas.
   -Ok! Héctor.
   -Pero no pienses que no hago nada para que las cosas no sean así, simplemente no me sale actuar de otro modo-su voz sonaba a disculpa pero con un trasfondo amargo a despedida.
   -Tío después de cómo has estado conmigo en los momentos mas difíciles…ahora no puedes irte, ahora no…ahora sé que puedo volver a ser yo y estar bien pero… no me dejes atrás te lo suplico.
   -Diego…no puedo decirte que esto va cambiar de hoy para mañana y dejar que creas que todo esta bien cuando no es así.
   -Entiendo…
   -Pero tampoco puedo decirte que mañana no será todo diferente.
   -Entonces, ¿en el futuro puede que sea todo como antes?-le pregunte contagiado por su sosegada esperanza.
   -Solo te puedo decir que hoy por hoy no me sale estar como tu esperas.
   -Yo solo espero que estés siempre bien, que todo te vaya bien y poderlo vivir contigo…
   -Bueno Diego voy a colgar ¿de acuerdo?, estoy conduciendo y no es el mejor momento para hablar.
   -Vale, vale…pero ¿seguiremos hablando, no?
   -Claro tío, no te odio ni nada parecido, lo único es que no me apetece quizá estar como antes.
   -Jamás pensé que me pasaría esto contigo-sentencié resignado-.Pero te prometo que haré todo lo que esté en mi mano por recuperarte, porque tengas ganas, ¡incluso mas ganas qué antes!, de vivir ésta vida cerca de mí. Y no te puedes hacer a la idea de cuanto siento haberte hecho daño y haberte fallado cuando tuve que estar ahí apoyándote…si por lo menos hubiera estado contigo la décima parte de lo que tú has estado conmigo…
   -Eso te honra Diego y te lo agradezco.
  
   De pronto su voz sonaba entrecortada, iba y venía como suena la cara B de las cintas de casete que de pequeños rebobinábamos una y otra vez.

  -Héctor,¡no te oigo bien!
  -Die..
  -¡Héctor!,¡Héctor!-comencé a gritar antes de escuchar un nuevo frenazo. Pero ésta vez no era como el de antes,no sonaba el ruido intermitente de ningún claxon, solo oía un ruido lejano, entrecortado e indefinible-. ¿Sigues ahí Héctor?.
   -Yo…también…-volví a escuchar su voz pero mucho mas ronca, forzada y en un tono mucho mas bajo que antes.
   -¡Héctor!,¡Héctor!,¿sigues ahí?,¿contesta tío?.
   -te quie…

   Y acto seguido ya solo escuché un pitido uniforme y continuado, ya solo escuchaba ese pitido que aún hoy me despierta cada noche. Con el tiempo supe que ese pitido era su cabeza contra el volante, su cabeza presionando de forma infinita el claxon y haciendo de su conversación solo un pitido, se fue, iba conduciendo y hablando conmigo…íbamos hablando y ahora…
   Rompí a llorar y entonces toda la habitación se llenó de aplausos, la gente aplaudía orgullosa de mí, algunos me abrazaban y otros me miraban condescendientes sabedores de lo mucho que me había costado hablar de eso.

   -Muy bien Diego-dijo el doctor Bassat. Te dije que tarde o temprano tendrías fuerzas para sacar eso a la luz. Ya llevamos dos años trabajándolo y por fin has podido compartirlo con nosotros.
  
   Me quedé mirándolo un buen rato con una mezcla de satisfacción y reproche…

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